Para sanar está permitido reír y llorar

“Expresar nuestras emociones nos da las energías necesarias para no darnos por vencidos y seguir adelante”, expresó Julio Fonseca, director del Centro para el Desarrollo Personal.

Por Marla Figueroa Ramos
Comunicaciones Integradas

A 70 días del paso del huracán María, la salud emocional de los puertorriqueños se ha convertido en una de las preocupaciones sociales más apremiantes que enfrenta el país.

A través de Sagrado Contigo, el equipo de trabajo del Centro para el Desarrollo Personal y el Centro de Pastoral Universitaria tienen un rol integral en las labores de recuperación psicológica y espiritual de la comunidad sagradeña.

Dentro de los esfuerzos para promover la salud tanto en la Universidad como en sectores aledaños a la institución, se ha desarrollado un sinnúmero de ayudas dirigidas a los diversos sectores.

Entre estos se incluyen apoyo de consejeros, disponibilidad de estudiantes doctorales para hablar de manera informal durante los periodos de almuerzo, asesoría espiritual, conversatorios motivacionales dirigidos a los empleados, entre otros.

Los seres humanos necesitan un espacio para hablar, llorar, gritar y compartir sus emociones. Necesitan descargar sus frustraciones para que éstas se liberen de manera adecuada, si no se expresan, pueden convertirse en un globo lleno de aire con peligro de reventar”, comentó el psicólogo.

Fonseca, quién lleva 30 años de servicio en Sagrado, destacó que durante este periodo la Universidad se convirtió en una bendición para los estudiantes.

“Cuando los jóvenes llegaron a Sagrado, luego del huracán, encontraron en el Centro de Estudiantes un espacio ideal donde pudieron distraerse, congregarse, compartir y liberar las tensiones. El Centro, con acceso al Wi-Fi  y servicios con electricidad, se convirtió en un paraíso para ellos.  Allí, obtuvieron un poco de normalidad dentro del caos, lo que los ayudó en el proceso de sanación”, expresó.

Por su parte, Elisabetta Pezzuolo, coordinadora de Pastoral y Liturgia del Centro de Pastoral Universitaria, resaltó la fortaleza en situaciones de vulnerabilidad y destacó cómo incluso en momentos de fragilidad psicológica y emocional los ciudadanos están dispuestas a compartir lo poco que tienen con tal de que otros se puedan beneficiar.

“Como italiana, me sorprendió que los puertorriqueños en los periodos más desesperantes tienen el deseo de seguir y no rendirse. Durante este tiempo cada uno de nosotros ha tenido que mirarse adentro, aceptar su dolor y su situación de “pérdida” y sacar de uno mismo toda la energía y espiritualidad necesaria para continuar”, expresó Pezzuolo.

Al momento, el Centro de Pastoral Universitario ha atendido aproximadamente más de 350 personas entre ellas estudiantes, empleados y vecinos de comunidades cercanas.  Según comentó la coordinadora prácticamente todos, dentro de su situación, sienten empatía con el prójimo y deseos de ayudar.

Asimismo, dentro de los esfuerzos de recuperación, se incluyó actividades para los empleados administrativos. Estos participaron de un divertido coloquio dirigido por la locutora y conferenciante motivacional Lily García, quién al igual que Fonseca y Pezzuolo, resaltó entre los presentes la necesidad de reír, aceptar nuestra nueva realidad y la importancia de expresar cómo nos sentimos para poder mejorar.

También, discutió que al recibir ayuda los ciudadanos expresan sus vivencias y emociones, disminuyen el estrés proveniente de las tensiones externas, su sentido de aislamiento y se preparan para futuras ocasiones de estrés.

“Tenemos que aprender a ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Una de las lecciones que nos ha dado María es demostrarnos nuestros más grandes apegos. Esta situación ha sido igual a un proceso de duelo, porque hemos pasado por las mismas etapas de pérdida. Shock, negación, coraje, negociación, depresión y aceptación. Cuando pasamos por estas fases descubrimos que hay una diferencia entre ser vulnerable y ser débil, y para sanar tenemos permiso a reír y también a llorar”, concluyó García.