(Español) Crean vínculo de hermandad por un 5K

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Un encuentro casual en el gimnasio de Sagrado fue el punto de partida de una sólida relación de hermandad entre Juanjo y Luis Enrique: el primero soñaba con completar un 5K a pesar de sus limitaciones físicas, el otro se retó a dar lo mejor de sí para ayudar a su compañero. Juntos lo lograron.

Por Nicole Ortiz Marrero
Estudiante de Periodismo

Probablemente los has visto caminando por el campus: Juan José Barragán con sus muletas, carismático y sonriente, saluda siempre a sus amistades sagradeñas; no muy lejos verás a Luis Enrique Fernández, el “hermano” que le aseguró que “todo es posible” y se comprometió a acompañarlo en esta retante aventura.

Compartir con ellos es una experiencia única, transmiten hermandad, compañerismo, y sobre todo, esperanza.

Juanjo, como es conocido cariñosamente, ansiaba participar en una carrera de cinco kilómetros, sin embargo, aceptar ese desafío suponía un reto dada su situación. Su condición, perlesía cerebral, afecta la movilidad de sus brazos y piernas, así que más allá de su compromiso y entusiasmo, a la hora de realizar cualquier entrenamiento se debían tener en cuenta estos factores.

Luis Enrique y Juanjo durante los entrenamientos.

Ahora, un año después de su primer encuentro, Luis Enrique recuerda que todo comenzó cuando decidió ayudar a Juanjo, estudiante de primer año de Relaciones Públicas, a corregir la posición de sus pies mientras utilizaba la bicicleta en el gimnasio de Sagrado.

De la primera no lo hice con ninguna intención. Simplemente soy una persona a la que le gusta ayudar, vi que él estaba necesitado y tenía muchos deseos de hacer ejercicio y eso me llamó la atención. Con el tiempo, me di cuenta que estaba viniendo consistentemente, conversamos y me menciona su meta de competir en un 5K. Teníamos tiempo, así que empezamos la marcha”, comentó Luis Enrique, quien se encuentra en su último año en Ciencias del Ejercicio.

La dificultad no fue un impedimento para los dos Delfines. Aún con los retos que representaba entrenar a Juanjo, Luis Enrique se aventuró a aprender más sobre él y su condición, leyó libros, consultó a especialistas y también a su profesor de Ciencias del Ejercicio con el objetivo de crear un plan adaptado para él.

Como no conocía bien la condición, me detuve, fui a ver al profesor Soler y me documenté. También hablé con su terapista. No queríamos arriesgarnos a tener ningún tipo de lesión. Queríamos hacer esto bien”, explicó Luis Enrique.

Durante dos semanas, bajo la tutela del profesor Reynaldo Soler, del Programa de Ciencias del Ejercicio, crearon un plan de entrenamiento para Juanjo, dirigido a fortalecer específicamente sus extremidades inferiores. Con la ayuda del profesor determinó qué funcionaba y qué no, y comenzaron a prepararse para cumplir la meta.

Comprometidos, era común verlos, siempre a la misma hora, trabajando en el gimnasio. Generalmente dos veces en semana, a veces más.

La transformación no se limitó al ámbito profesional, sino que personalmente ambos han crecido: Juanjo ha cambiado sus hábitos alimenticios y confiesa que aprendió a “cuidarse y respetarse” más bajo la tutela de su amigo.

Mientras, en el caso de Luis Enrique, la experiencia supuso un gran crecimiento para él. Afirma que aprendió a “no darse por vencido nunca y enfrentar los retos de la vida con gran ímpetu”.

Siempre a la misma hora, dos o tres veces en semana. Fieles. Los podías ver dando su vuelta al campus para después ir al gimnasio. No se fallaron, fue algo de mucho compromiso”, cuenta el profesor, quien imparte los cursos de Fisiología del Ejercicio, Acondicionamiento Cardiorrespiratorio y la Práctica Profesional.

Llegó la fecha esperada, el “Córrelo, Camínalo o Ruédalo”, y ambos asistieron.

Al principio (Juanjo) estaba un poco emocionado, pero después fluyó de lo más bien. Hizo la carrera solo, nadie lo ayudó. Yo estaba súper orgulloso”, relata Luis Enrique.

En una hora y veinte minutos ambos completaron el tramo y, unidos, planifican su próxima meta: bajar ese tiempo, crear independencia de la muleta para Juanjo y a la vez seguir fortaleciendo su amistad.

El desafío de Juanjo se convirtió en la meta común gracias a la que surgió su hermandad. Ahora comparten muchas otras cosas: van al cine, se matriculan en las mismas clases y normalmente están “echando chistes”.

En verdad él es como mi hermano. Tenemos una relación súper bonita y normal, compartimos y hablamos casi todos los días”, asegura Juanjo.

Los inseparables siguen con la misma rutina: siguen asistiendo dos veces por semana al gimnasio y estableciendo nuevas metas.

Gracias a su compromiso, juntos son el mejor ejemplo del reconocido refrán, “el que persevera, triunfa”.