CoMesa, una experiencia de solidaridad

Como celebración del tercer aniversario de CoMesa la estudiante Enid C. Iglesias Rodríguez cuenta su experiencia como voluntaria del programa.

Enid C. Iglesias Rodríguez a la derecha, junto con la exalumna y chef internacional Doreen Colondres.

Por Enid C. Iglesias Rodríguez
Estudiante de Teatro

Mi experiencia en CoMesa ha sido increíble, es una de las actividades que más extrañaré cuando me gradúe de Sagrado. Comencé a trabajar como voluntaria cuando todavía estábamos ubicados en la oficina que utiliza actualmente el Consejo de Estudiantes.

La primera vez que pisé Pastoral fue en busca de un microondas para calentar mi almuerzo y así ahorrar y cubrir otros gastos.  Al entrar en la oficina me percaté de la unión, felicidad y hospitalidad que se sentía en el ambiente y de inmediato me sentí a gusto. Este entorno junto con mi deseo de ayudar al prójimo sin importar “el qué dirán”, fueron aspectos determinantes que me motivaron a quedarme como voluntaria.

Enid, a la izquierda, participa junto con sus compañeros de taller culinario en CoMesa.

Desde el momento que comencé a trabajar asistí a muchos de mis compañeros brindándoles consejos. Esta labor me ayudó a conocer a muchas personas y a hacer una gran cantidad de amigos. Además, a través de mis años en CoMesa me he transformado en una persona más sociable, solidaria y empática.

También, he disfrutado muchísimo desde las locuras con la hornilla y el horno, hasta la aplicación de mis conocimientos en la cocina. ¡Y es que me encanta cocinar! Desde pequeña mi mamá me enseñó que la cocina debía ser mi mejor amiga. De mi mamá aprendí a realizar diferentes platillos incluyendo su especialidad: la repostería. Entre las tareas y platos que más disfruto realizar está mi famosa lasaña y los bizcochos que preparo que dejan enloquecidos a los estudiantes dulceros.

Enid participa de la creación de nuevas recetas.

Trabajar en este programa me ha permitido disfrutar de muchas actividades de enriquecimiento tanto académico como social. Por ejemplo, tuve la oportunidad de aprender, junto con mis compañeros, de los conocimientos de la exalumna y chef internacional Doreen Colondres, quien compartió con nosotros sus experiencias en la cocina.

Me siento orgullosa de trabajar como voluntaria en un “mini comedor” y así auxiliar a los demás.  Me llena de mucha alegría saber que estamos alimentando a jóvenes que a veces se quedan sin comer. Ver las caras felices de las personas cuando reciben sus alimentos es una experiencia que te llena de mucha satisfacción.

Enid y sus compañeros crean nuevas recetas.

Por último, me gustaría agradecer a todos esos profesores, estudiantes y personas que han donado y cooperado para que el programa siga con su misión de solidaridad y de paz. Los invito a que participen de CoMesa, ya sea como voluntarios, a través de donaciones, o participando de las actividades, su aportación hace la diferencia todos los días en el bienestar y salud de los universitarios.