Un Sagrado Corazón impacta Cantera

La religiosa Isabel “Lalín” Pérez Calderón dedicó su vida a la misión de Jesús y se entregó en cuerpo y alma a servir a la comunidad.

La hermana Lalín fue un ejemplo de un alma noble y visionaria que dedicó su vida al servicio comunitario basado en la compasión Jesús hacia el necesitado.

Por Nicole Ortiz Marrero
Estudiante de Periodismo

La hermana Isabel Pérez Calderón, Lalín, como cariñosamente le conocían, formó parte de la historia de la Universidad del Sagrado Corazón (USC), donde se forjó, primero como alumna del Colegio del Sagrado Corazón, y luego fue estudiante de lo que entonces se conocía como el “College”, hoy Sagrado.

Ejemplo de un alma noble y visionaria que dedicó su vida al servicio comunitario basado en la compasión de Jesús hacia el necesitado. Al repasar su vida no podemos más que agradecer que formara parte de la comunidad sagradeña.

En su trayecto como educadora trabajó en Santurce, Ponce y La Habana, Cuba, aunque la mayor parte de sus años los dedicó al Colegio de Santurce como vigilante general, puesto que hoy día equivaldría a directora, y a la vez consejera.

Allí sus estudiantes la recuerdan como la Madre Pérez Calderón, que con su sencillez, cercanía y alegría marcó un sin número de vidas.

Asimismo, aceptando la invitación del Concilio Vaticano II de trabajar directamente en las comunidades necesitadas, contribuyó a la transformación del Barrio Cantera de Santurce, donde junto a otros líderes levantó desde abajo un proyecto que pocos le veían futuro.

Lalín se abrió a esta nueva oportunidad y se entregó de la única manera que sabía hacerlo: con pasión y dedicación.

De esta forma, sembró esperanza a través de la Pastoral Juvenil, donde gracias a sus dotes y vocación, motivó a un grupo de jóvenes a trabajar por la comunidad.

Juntos realizaron un estudio de necesidades y la importancia de luchar por la limpieza y embellecimiento del barrio. Fruto de esta gesta, surge el Centro Cultural y de Servicios de Cantera, génesis de una transformación social sin precedente.

Su dedicación incondicional a la juventud, a la comunidad, a su iglesia y a Dios, son su mejor carta de presentación ante el Padre Celestial. Hoy Lalín sigue iluminando desde el otro plano, y sabemos que descansa en paz.