“Si mi director de tesis es el rey de las historias truncadas, voy a cautivarlo con mi novela”

Compartimos la entrevista que le realizó Richard Rivera Cardona, egresado de Periodismo, asistente de dirección del Centro para la Libertad de Prensa y actual estudiante de la Maestría en Creación Literaria de Sagrado, al escritor y al exalumno Luis Alejando Polanco para la revista Rostro de Tinta, de la Cofradía de Escritores de Puerto Rico.

Entrevista a Luis Alejandro Polanco

 

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Por Richard Rivera Cardona

El escritor dominicano Luis Alejandro Polanco, radicado en Puerto Rico hace más de 20 años, afirma que dos de sus pasiones son la arquitectura y la literatura. En 1986 obtuvo el grado de arquitecto en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en 2010 se graduó de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón (USC) y en 2014 publicó la novela No habrá primavera en abril, que se alzó con el segundo premio en la categoría de mejor novela de ficción histórica, en español, de los International Latino Book Awards 2015. Actualmente realiza su tesis doctoral en literatura en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC).

 

Eres arquitecto y escritor, ¿en qué punto se intersecan estas dos artes, si alguno?

Como arquitecto diseño espacios funcionales y agradables para ser habitados por el hombre. Como escritor tengo la convicción de que en ningún momento me he desligado de la arquitectura, ya que la creación literaria es puro arte. En mi quehacer literario diseño y construyo espacios imaginarios para que el lector los pueda disfrutar a través de la narración. Intento edificar mis textos con la precisión y complejidad que envuelve una obra arquitectónica.

¿Qué temas te interesan o preocupan como escritor?

Me interesan los temas sociales, políticos y religiosos; sobre todo cuando encierran denuncias, abusos de poder y corrupción. El binomio amor-odio es otro tema que me cautiva por las necesidades afectivas que tiene el ser humano. Es interesante cómo se puede desarrollar una narrativa, sin caer en el vicio de la cursilería, que gire en torno a personajes que muestren sus fortalezas o debilidades cuando carecen de amor. Es incomprensible la dualidad de amar y odiar que se puede generar en una relación. El amor no es un tema trillado ni obsoleto, muy por el contrario es inagotable.

Me preocupan los puntos vulnerables y el comportamiento hipócrita del hombre y la mujer. Igualmente, me gusta trabajar el tema de la marginalidad, que se enmarca dentro del ámbito de lo social. Por ejemplo, me atrae mucho escribir sobre la degeneración del individuo, la locura, la traición, la drogadicción y la prostitución. Estas conductas convierten a los personajes en héroes problemáticos, los cuales transitan en un mundo viciado que ni entienden ni aceptan. Sin embargo, viven de acuerdo a sus ideales, ateniéndose a las consecuencias. El papel del escritor consiste en traducir y expresar la contemporaneidad en la que vive.

¿Qué autores y obras han ejercido influencia en tu forma de escribir?

Debo confesarte que para el desarrollo de la novela No habrá primavera en abril me sentí influido por dos obras: Mañana en la batalla piensa en mí  y El silencio de Galileo. En la primera observé cómo Javier Marías describía el entorno urbano y los objetos que lo circundaban con una destreza extraordinaria. Eso me ayudó a desplazarme con libertad por las calles de Oklahoma para describir y mostrar, en detalle, una escena citadina. De igual modo, tuve la oportunidad de leer la novela de Luis López Nieves, mientras escribía la tesis. Dicho texto me estimuló a la invención. Me dije: “Si mi director de tesis es el rey de las historias truncadas, voy a tratar de cautivarlo con mi novela”.

Por otra parte, en el género de cuento hay varios autores que de una y otra forma han contribuido en mi formación como escritor. Entre ellos tengo que mencionar a Juan Bosch, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Anton Chejov y Guy de Maupassant.

¿Tienes algún ritual o manía a la hora de escribir? 

Sí. Lo primero es que nunca me siento frente a la pantalla de la computadora si no tengo un borrador de antemano o un boceto mental de lo que quiero hacer. A mí, las ideas me surgen rápido y muchas veces tengo que tomar notas de inmediato porque me puede sobrevenir algún tema diferente para otro cuento. A veces en mi cabeza se entretejen un sinnúmero  de ideas que si no las anoto enseguida se me olvidan, y luego solo puedo recuperar un par de ellas. He descubierto que cuando escribo un cuento en una libreta y más tarde lo paso a la computadora, el resultado es más efectivo que cuando lo transcribo directamente de la memoria al ordenador.

Otro hábito o manía que tengo es que soy un poco desorganizado. Por ejemplo, en mi área de trabajo puedo tener una hilera de libros y papeles que estoy consultando y no me gusta guardarlos ni archivar nada hasta no terminar la investigación que estoy realizando. Sin embargo, cuando voy a iniciar una nueva investigación o un trabajo literario de envergadura, entonces tengo que organizar el área. Encuentro que es como despejar la mente e iniciar de nuevo otro proyecto literario.

No habrá primavera en abril se desarrolla en el marco de dos eventos de gran impacto mediático en los Estados Unidos: la masacre de la secta de los davidianos, en Waco, Texas, en 1993, y el bombazo de Oklahoma, en 1995. ¿Por qué escogiste estos dos acontecimientos para hilvanar la historia?

El 19 de abril de 1995 escuché que un joven de veintisiete años había colocado un camión-bomba frente a un edificio federal en Oklahoma donde había una guardería infantil. En aquel momento fueron tantas las interrogantes que me surgieron que decidí seguir el caso del atentado muy de cerca. Desde entonces, la imagen de Timothy McVeigh se grabó en mi pensamiento. Los dos acontecimientos se entrelazan y tuvieron una estrecha relación, porque uno fue consecuencia del otro. La explosión del edificio federal Alfred P. Murrah, en Oklahoma, ocurrió justo en el segundo aniversario del incidente en el Rancho Monte Carmelo, sede de los davidianos, en Waco, Texas. El atentado en Oklahoma fue como represalia a las acciones del gobierno durante los cincuenta y un días que duró el cerco y que terminó con la masacre del reverendo David Koresh y sus adeptos.

¿Por qué dedicaste la novela a Timothy McVeigh, autor de los actos terroristas en Oklahoma City? 

Timothy McVeigh, el multiasesino más despreciado de Oklahoma, no es amigo mío, aunque la dedicatoria dice: “A mi gran amigo Timothy McVeigh”. Me parece que ese es el segundo cuestionamiento que se hace el lector; el primero es el título, pero la respuesta al enigma se contesta al leer el texto.

 Uno de los poderes de la literatura es que los lectores pueden identificarse con algunos personajes y comprender sus motivaciones. ¿De qué cualidades o sentimientos dotaste a Timothy McVeigh y a su amigo Ron Black de modo que los lectores puedan conectar con personajes, a simple vista, despiadados?

Traté de caracterizar a los dos personajes principales de la novela tomando como patrón la conducta del hombre moderno. Por un lado, vemos al exmarine McVeigh, un veterano de la Guerra del Golfo, con una trayectoria militar en progreso por su destacada participación en el conflicto bélico. Luego, observamos cómo después de regresar de Kuwait e ingresar a los boinas verdes, se quebranta su ideal de ser algún día general, al desertar de las Fuerzas Especiales del Ejército de los Estados Unidos. Esto fue un golpe que le provocó un coraje desmedido consigo mismo y con el sistema de poder operante en los regimientos. Entonces se convierte en transgresor y comienza a combatir contra el gobierno federal. A través de sus acciones, comportamiento y de sus luchas, conocemos a un hombre sensible al dolor ajeno que defiende a los más débiles y ataca al poderoso opresor.

Por otra parte, Ron Black se desnuda demostrando sus debilidades: la ambición, la lujuria, la traición, el consumismo, adicción a los juegos de azar y falta de tolerancia. Todo esto envuelto en una nube de mentiras que él mismo construye y admite. Ron se muestra tal cual es y por su parte, el lector comenzará a percibir otros aspectos de su conducta que él ignora. Este mostrar y ocultar, por parte del desconocimiento de Ron Black, crea una intimidad de complicidad con el receptor que puede causar pena. Es posible que el lector se identifique con alguno de los dos personajes porque pudiera estar atravesando por una situación similar a la de ellos. Melvin Rodríguez-Rodríguez comenta que yo logro mostrar los claroscuros de estos personajes, destruyendo las visiones preestablecidas que se puedan tener de ellos.

En algún momento la trama de la novela se desarrolla en Puerto Rico, ¿por qué esta idea?

Ron Black regresaba de un viaje. Lo quise sacar de Waco para que no estuviera en el rancho cuando los federales sitiaron las instalaciones de los davidianos. “Vendrá de Inglaterra”, pensé. Pero en fracciones de segundo, recapitulé y me dije: “Creo que sería más interesante si viaja desde Puerto Rico”. ¡Bendita sea la hora en que se me ocurrió la Isla del Encanto! Esta decisión le dio un giro favorable y sorprendente a la historia. Yo mismo no sabía qué pasaría de ahí en adelante. El desarrollo de la novela se efectuó página a página. A partir de ese punto, no trabajé con el esquema que tenía delineado en la propuesta de mi novela. Era como si una revelación divina me dictara siempre lo más adecuado para resolver un asunto neurálgico de la historia sin afectar la trama.

Uno de los espacios en que se adentra la novela es el mundo de las sectas. ¿Qué discurso o ángulo quisiste destacar?

Que cualquier institución, no importa su naturaleza, no está exenta ni es invulnerable a la corrupción de sus dirigentes. Vemos cómo los adeptos del reverendo, fieles seguidores suyos, fueron engañados por él, hasta el punto de seducir a sus esposas e hijas menores y tener relaciones sexuales con ellas. Al describir la secta de David Koresh, ver cómo funcionaba, y mostrar cuántas personas fueron embaucadas por su dirigente, ha sido una forma de crear conciencia en hombres y mujeres para que no sean víctimas de líderes inescrupulosos que lo que quieren es aprovecharse de otros para su propio beneficio. No quise abundar sobre si su doctrina era completamente una farsa, o si realmente Koresh sintió un llamado espiritual auténtico en algún momento de su vida.

Uno de los aspectos de la novela que más llama la atención es que al final los lectores se cuestionan dónde radica la línea entre la realidad y la ficción. ¿Cómo se logra este efecto?

Lo primero es crear una plataforma histórica lo más fidedigna a los acontecimientos ocurridos. Luego buscar una fisura dentro del marco histórico por donde se pueda colar la trama inventada. Si logras diseñar una atmósfera conforme a la época en que se desarrolla, el texto comenzará a fortalecerse, mezclándose la realidad con la ficción y viceversa en los diferentes escenarios, haciéndose casi imperceptible la frontera entre ambas realidades.

El crítico de El Nuevo Día, José Borges, establece en una reseña que será difícil saber qué fue parte de la historia y qué es producto de la ficción del autor en No habrá primavera en abril.

¿Qué labor investigativa conllevó el proceso creativo de esta novela histórica?

Antes de iniciar la novela me quise dotar de libros, películas y documentales. Además, visité decenas de portales en la Internet que trataban sobre las dos tragedias y sus protagonistas. El primer inconveniente que tuve fue que los libros de referencia que compré eran en inglés, por lo que la lectura me resultaba más lenta. Otro percance fue que cuando necesitaba una información específica y colocaba en Google las palabras claves en español tenía que navegar por largo rato y muchas veces no encontraba lo que buscaba. Cambié la estrategia de búsqueda, o mejor dicho el idioma, y enseguida aparecía la información que necesitaba. La gran ironía: leía en inglés para escribir en español.

Descubrí que para redactar una novela histórica no era necesario saber todo lo referente a los acontecimientos ocurridos porque tenía el amparo de la ficción y la creatividad. La etapa investigativa fue imprescindible porque además de nutrirme de los hechos relevantes que quería destacar en la obra, me sirvió para crear mis diferentes escenas. Sabía que tenía un gran reto porque trabajaba con eventos que mucha gente conocía.

La obra fue tu trabajo de tesis para la maestría en Creación Literaria, ¿cómo evalúas la oportunidad de haber sido dirigido por el reconocido escritor puertorriqueño Luis López Nieves en este proyecto?

Desde mi primer encuentro en el salón de clases con el profesor López Nieves dictaminé que él sería mi director de tesis. Si la experiencia en los diferentes talleres fue enriquecedora por los comentarios y las correcciones de profesores y compañeros, el contacto directo y exclusivo con el director de tesis me ayudó a aprender y a crecer más como escritor. López Nieves es sumamente estructurado y riguroso con las entregas y las evaluaciones. Esa disciplina que se estableció entre los envíos y las entregas suscitaba en mí un entusiasmo grandísimo cada vez que llegaban sus correcciones y comentarios tan acertados.

La tesis sirve para mostrar lo que se ha aprendido durante los años de estudios en la maestría. Además, es el último ejercicio académico guiado por un experto, en el cual aplicamos todas las herramientas y técnicas para que después podamos seguir solos en esta extraordinaria profesión de la escritura creativa. Si tuviera que comenzar nuevamente la tesis de la maestría en Creación Literaria, no dudaría en que Luis López Nieves volviera a ser el director de la misma. Gracias a sus sugerencias, correcciones y consejos pude aprobar la tesis con distinción en el 2010.

¿Por qué crees que es importante la producción de literatura histórica?

Porque es una forma de dar a conocer sucesos ocurridos en el pasado a un público lector que posiblemente no abordará el tema a través de un texto histórico. Me parece que la literatura histórica producirá cierta inquietud en el lector y lo motivará a incursionar en la historia para comprobar qué tan cierta es la obra que ha leído. Esto quiere decir que muchas veces se llega a la historia a través de la literatura. Otro punto importante que tiene la literatura histórica es que la misma, en ocasiones, ha servido de apoyo a investigadores e historiadores para conocer una época o sector determinado, donde  la historia no ha dejado huellas.

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¿Qué significó que No habrá primavera en abril se alzara con el segundo premio en la categoría de mejor novela de ficción histórica, en español, de los International Latino Book Awards 2015, el pasado 27 de junio en San Francisco, California?

Precisamente en abril recibí la noticia de que mi novela estaba entre las finalistas en la categoría «mejor novela de ficción histórica» en el International Latino Book Awards 2015. No podía creer que competía, nada más y nada menos, que con la española María Dueñas y el colombiano Gustavo Arango. Confieso que por un lado me sentí muy contento por estar entre los finalistas con dos escritores de renombre internacional, pero por el otro me creó ansiedad. Sin embargo, y para mi sorpresa, el 27 de junio durante el acto de premiación en San Francisco, recibí un mensaje a través de Facebook, de la escritora y amiga María Bird Picó, que decía: “¡Le ganaste a Dueñas!”. No habrá primavera en abril se posicionó en el segundo lugar. Temblé de emoción. Era increíble la experiencia que estaba viviendo.

Di gracias a todos aquellos que siempre han creído en esta obra (Emilio del Carril, Awilda Cáez, Ivonne Belén, Valentín Amaro, Rodolfo Báez, Ángela Valentín, Juan Martínez Luque, a mi esposa Milagros González y tú, entre otros). Aún sigo dando las gracias a los lectores y lectoras que  consideran a la novela No habrá primavera en abril como un texto entretenido y ricamente informado, pues mientras más se hurga sobre los sucesos históricos más real parece lo que se ha creído ficción.

¿En qué proyecto trabajas ahora como escritor?

Estoy trabajando en un proyecto que por los recursos técnicos presentes, considero que tendrá una particular importancia en su género. Ahora bien, por el momento no puedo abundar más.