Un minuto de silencio por la paz

La comunidad universitaria guardó un minuto de silencio en solidaridad con los recientes acontecimientos violentos en el mundo. De este modo, una vez más, se manifestó el compromiso de Sagrado con la no violencia, como antesala a la aspiración de paz. Este es la primera de una serie de inciativas que organizará la Vicepresidencia de Asuntos Académicos para reflexionar sobre estos temas.

Gilberto Marxuach, presidente de la institución, la Dra. Eloisa Gordon, vicepresidenta de Asuntos Académicos, Naomi González, presidenta del Consejo de Estudiantes se unieron a este evento. Gabriel Paizy compartió una reflexión sobre los principios de la paz.

Por Gabriel Paizy
Escuela de Comunicación Ferré Rangel

A finales del siglo XVIII, la burguesía francesa, cansada de las injusticias y de los abusos cometidos en contra de ellos por parte de los monarcas y de los aristócratas, se alzó en armas al grito de ‘liberté, égalité, fraternité’ (libertad, igualdad y fraternidad).

Y es que en la miseria no podía haber libertad. Y es que en el desprecio no podía haber igualdad. Y es que en el odio no podía haber fraternidad.

Foto: Néstor Méndez

Foto: Néstor Méndez

Parece ser que estas tres consignas han sido olvidadas, de forma inconsciente quizás, en la psiquis de los ciudadanos de Francia y del mundo. Hoy no son nobles contra burgueses, sino cristianos contra musulmanes. Religión y cultura se enfrentan en una batalla en que nadie puede ganar.

De esta guerra declarada se ve amenazada la libertad. De sus diferencias, aparentemente irreconciliables, se sacrifica la igualdad. De su odio mutuo y visceral, se destruye la fraternidad.

El resultado es una violencia sin sentido, tanto de parte de unos como de los otros. Aquí no hay buenos ni malos, aquí hay errados. Porque la violencia, sea a través de balas en un teatro o de proyectiles disparados desde un avión, engendrará, al final, más violencia, más muertes, más destrucción, más pérdidas de libertad, más desigualdad entre la raza humana, mayores cicatrices que harán imposibles la fraternidad.

Comencemos nosotros, los aquí presentes, por afirmar nuestro desprecio hacia la violencia. Para ello, hagamos una introspección para identificar si somos cómplices de ella. Porque la violencia, que es producto del odio, puede manifestarse de muchas formas. Un saludo que le niegas a alguien que desprecias, por ejemplo… o una burla a las espaldas de aquel que consideras tu enemigo… o una conspiración que fraguas con la intención de provocar daño… eso es violencia también. No podemos criticar la violencia de otros, si no nos aplicamos, a nosotros primero, los principios de la paz, de la empatía, del respeto, de la consideración y del amor, que son, al fin y al cabo, las armas más poderosas y transformadoras con las que cuenta el mundo.

Mi padre y mi madre eran franceses, al igual que gran parte de mi ascendencia. Mi padre y mi abuelo fueron condecorados con la legión de honor por sus servicios a su patria francesa. Mi hermano mayor vive en Francia, y su hijo en París, a solo cuadras de la masacre del teatro. Yo soy ciudadano francés, al igual que mis cuatro hijos. Así que el acto de violencia del pasado viernes no me es indiferente… me toca muy de cerca.   Es por eso que agradezco la solidaridad expresada hacia mi segundo país por la Dra. Gordon, solidaridad a la que se ha unido la comunidad de la Universidad del Sagrado Corazón. Hay que apreciar las palabras y los gestos con sentido en un mundo que parece haberlo perdido.

Prediquemos todos, de igual forma, el pacifismo y la no violencia. Esa es la esperanza para que bajo la sombra de los ideales de la libertad, la igualdad y la fraternidad, tengamos un mundo del cual nos podamos sentir orgullosos…

Foto: Néstor Méndez

Foto: Néstor Méndez