Viaje al centro del corazón de Sofía

Paciente y sosegado llegó el día de visitar Joigny en la región borgoñesa de Francia. El cálido verano invitaba a recorrer pueblitos y villas que me confirmaban que la bella Francia es más que París. Pude haber seleccionado otro destino pero una madrugada del mes de febrero algo providencial me iluminó el corazón y conmovida por esa voz interior decidí hacer este recorrido.

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Foto: Mariely Rivera

Por Mariely Rivera Hernández
Principal Oficial de Éxito Estudiantil

Me enternecía conocer la casa donde nació y se crio Santa Magdalena Sofía Barat. Llevaba tiempo leyendo sobre  su persona,  postulados y principios. Sin embargo, para conectar con Sofía – como le gustaba la llamasen – había que poner un pie en Joigny y dejarse transportar a otra dimensión donde el tiempo no existe.

Sofía y yo llevábamos meses conversando en abstracto.  Me gustaba la idea de ir instruida a Francia para hacer preguntas profundas. Entonces los planes sobre la profundidad allí se transformaron y dejé atrás por unos días el peso de las dudas, las inquietudes de la mente y el tanto pensar. Solo mi corazón podía ver, sentir, palpar y olfatear lo que allí ocurrió.

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Foto: Mariely Rivera

El encuentro con Sofía

Un caminito de estructuras rústicas y calles matizadas de historia me condujeron al Centre Sophie Barat.

Es un lugar donde se puede ir de retiro guiado o de forma independiente aunque el acompañamiento sea en silencio.

Es la casa natal de Sofía, un espacio para la interiorización, lugar de peregrinación y museo activo que te permite acercarte al entorno físico, estético, cultural y social de la villa donde se crio esta santa mujer.

Sentada desde un murito contemplaba la estructura de la casa de ventanas y puertas azules donde colgaban tiestos con flores color melocotón.

Esperé a que dieran las 2:00 p.m. pero toqué a la puerta 10 minutos antes y para mi sorpresa, me esperan Chantal, Ysabel y Ana María. Tres religiosas extraordinarias de la congregación del Sagrado Corazón.

Las barreras del idioma desaparecieron pues hablaban además de francés, español e inglés.

Me recibieron con un amor infinito. Me sentí como una niña que llega a visitar una familia que conoce de toda la vida. Pero lo cierto es que no las conocía sino hasta ese momento.

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Foto: Mariely Rivera

Aprecié cada detalle de ellas… desde la merienda que amablemente compartieron hasta el recorrido con todas las anécdotas contadas. Así fue… como un cuento narrado, dando paso a la historia en el contexto de la Francia de 1779. Esa virtud de contarte un cuento logra transportarte como en una máquina del tiempo y al instante ves las personas vestidas de época, escuchas sonidos de la cotidianidad de ese tiempo, sientes la temperatura cambiar de calor a frío y viceversa y olfateas la madera y la paja al acercarte a las columnas y paredes alegóricas de su entorno.

El momento más elocuente fue cuando imaginaba a Sofía corretear por la clásica escalera y la veía en mi mente llegar hasta la ventana de donde observaba escenas y escuchaba a la gente. Comprendí por qué en sus mensajes y escritos destaca la importancia de la imaginación.

Poco a poco fue develándose la enérgica pasión de las religiosas.  Un momento crucial cuando mi memoria me traía a Puerto Rico y solo escuchaba la argumentación sabia de las hermanas Madeline, Mari Clemen y Socorro. Escuchaba también sus fogosas voces cuando han reiterado el planteamiento del 2006 como parte de la Carta del Consejo General de las Religiosas del Sagrado Corazón que  “educar es en sí mismo un acto de justicia”.  

Reflexioné por instantes y pensé que Sofía había logrado muchos de sus deseos; primero: tocar a las personas acercando sus almas a un Dios de amor ejemplificado en el sagrado corazón y segundo, inspirarlas a través de la educación.

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Foto: Mariely Rivera

Emprendiendo con la educación

Llevo estudiando el concepto de emprendimiento desde hace años y entre tanta teoría y metodología necesitaba acercarme a algo concreto, como por ejemplo; entender la historia de Sofía para descubrir que en efecto ella fue la primera emprendedora de toda la obra que se cinceló desde Joigny.  Emprender es un acto de cambiar, trasmutar a nuevas formas de pensar y accionar.

Sofía emprendió desde el acercamiento a Dios transmutando el sacrificio y el miedo en ejercicios de amor y esperanza. Era una mujer superdotada porque sabía que para insertarse en el cambio, a tenor con las transformaciones que producía la Revolución Francesa, tenía que impulsar el apoderamiento que produce la educación.

Es cierto que su enfoque fueron las mujeres, aunque la Revolución fue un acontecimiento que tocó la vida de hombres, mujeres, ancianos y niños.  No obstante, Sofía se anclaba en irradiar luz al poder femenino para apalancar la evolución en las familias y en la comunidad.  En otras palabras, ella sabía que las mujeres eran las estrategas de las transformaciones a través del aprendizaje.

Sofía sostenía la voluntad de crear las condiciones de la educación para las mujeres y de contemplar el espíritu de un Dios de amor. Aprendió a muy tierna edad -trece años- que la educación era un pasaporte para despertar el conocimiento y centrar su misión en algo concreto.

La educación era un vehículo de cambio para formar familias y comunidades con visiones distintas, que asimilaran la vulnerabilidad de los ámbitos y las ebulliciones culturales, políticas, económicas y sociales de ese momento en Europa.

Así las cosas; el emprendimiento de Sofía radicó en el cambio en perspectiva espiritual hacia un Dios de amor llevado a lo terrenal a través de la educación para mujeres. Así logró con su proceder un efecto multiplicador de educar a la juventud y la niñez.

Tangencias con Sagrado y Puerto Rico

Nuestra Universidad  lleva el nombre del Sagrado Corazón y nuestro eje fundacional es Santa Magdalena Sofía Barat, por lo tanto, somos una parte importante de los cimientos del emprendimiento de Sofía. Puerto Rico vive  tiempos revueltos y de necesarias transformaciones internas. Hemos aprendido de la historia que lo único constante es el cambio.

He pensado en la Francia revolucionaria porque desde ella se gestó todo un movimiento de cambio social que cambió al mundo entero,  con ello  ha pasado el tiempo y los franceses se han seguido adaptando a los cambios con aciertos y equívocos, pero se han reinventado.

Asimismo, Puerto Rico encausado en sus características está viviendo uno de sus periodos de mayores retos donde no  es la ausencia de tecnología lo que nos amedrenta, sino la carencia de ideología para algunos y de identidad para otros.

Eso nos obliga a plantearnos varios asuntos, entre ellos la educación y la juventud. En este caso nos ocupa la educación superior, de la que tanto se opina pero poco se estudia.

Son tiempos de desafío provocado por múltiples factores, entre ellos, el asunto demográfico con una población que aceleradamente envejece.  Al mismo tiempo se amplía la diáspora con grupos saliendo y ubicándose en el exterior.

Me he preguntado qué pensaría Sofía sobre Puerto Rico y me dice el instinto que nos haría un llamado a reinventarnos y a atrevernos e intentar hacer las cosas de otra manera. A las universidades no les queda otra opción que emprender y ofrecer otras experiencias innovadoras a cambiantes segmentos de la población.

Sagrado está en dos latitudes; tiene que emerger o nos estancamos.  Así como Sofía a sus 22 años se llenó de fuerza y tuvo la visión de  fundar la Sociedad del Sagrado Corazón, la cual al presente cuenta con presencia en más de 40 países, así mismo, tiene que acontecer en Sagrado. El enfoque debe considerar estas transiciones como oportunidades para dejar crecer las buenas ideas que han dado resultados, cimentar nuevos espacios para el pensamiento crítico social y permitir que otras ideas germinen alineadas a las realidades.

De Joigny a Santurce un paso es la voluntad, la entereza, la valentía, el optimismo, la fe, entre muchos otros atributos.

Esas conexiones hay que rescatarlas al igual que la conversación fuera del entorno de Puerto Rico con varios de los capítulos de la Congregación. Tenemos tangencias y puntos en común de genuino interés como lo son la educación y la juventud. Una juventud que no se mide exclusivamente por la edad, ser joven está en la actitud y en el espíritu.

Introspección en el silencio

Nunca había experimentado jardines de flores con rosas, lirios, margaritas, lavanda y otras. Cada rincón de esos jardines me conectó con los atributos que Sofía deja en su obra – la voluntad, el optimismo, la sensibilidad.  Era un mítico encuentro entre la sapiencia, la belleza y el espíritu de bienestar.

La caminata entre flores me llevó de nuevo al encuentro de una Sofía firme pero compasiva, líder inspiradora del corazón de Jesús y llena de resiliencia ante las lecciones aprendidas.

La educación fue y seguirá siendo su motor para sembrar el cambio desde los jardines del Centre Sophie Barat hasta otros jardines como los que tenemos en Sagrado.

Regresé al compás del tiempo luego de haberme dejado encantar en la casa de Sofía. Salí de allí fortalecida de amor, de la sublime belleza y de tanto descubrimiento.

La villa de Joigny me esperaba para que me fundiera entre los paisajes de viñedos, el cautivador puente y sus pinceladas de colores cuando las ves  desde distintos puntos del recorrido.

Por eso decía que Francia es más que Paris, con razón Van Gogh, Renoir y Monet, entre otros virtuosos del arte han dejado preciosos legados  impresionistas inspirados en la naturaleza de este gran país europeo.

Caminé hasta el final de la calle Davier número 11 y miré hacia atrás. Fijé mis ojos en la casa de las ventanas azules y en las rayuelas de nubes en el cielo.

Miré la gente afable entre el silencio de lo rural y lo urbano. Me fui con mi mochila cardiaca llena de luz. Dejé un pedacito de mi corazón en Joigny con la esperanza de conectarme desde mi rincón caribeño.

En silencio seguí caminando, respiré olor a tierra santa, tomé fotos y le dije hasta luego al centro del corazón de Sofía. Ahora ella late en mí.