¿Pensando en volver a estudiar después de un descanso? Compartimos algunas consideraciones clave para tomar esa decisión con claridad y propósito.

Por: Comunicación Institucional
Para muchas personas adultas, el volver a estudiar luego de una pausa no necesariamente responde a un evento o meta en específico. Este paso puede surgir luego de años dedicados al trabajo, la familia u otras responsabilidades que hicieron que el aprendizaje se convirtiera en algo secundario en sus vidas. Sin embargo, al considerar la educación como un elemento fundamental para el desarrollo de las personas sin importar en la etapa en la que se encuentren, tienen la oportunidad de continuar estudiando a través de toda la vida.
Sin importar los motivos, algunas personas se desmotivan porque consideran esto como un retroceso, cuando realmente la vida sucede, y volver al salón de clases siempre puede ser una opción. Muchas veces tomar esta decision implica reorganizar prioridades, responder nuevas preguntas o incluso, descurbir nuevas facetas de nuestras vidas que no habíamos considerado. La pausa se convierte en una herramienta y representa experiencia acumulada que transforma la manera en cómo aprendemos.
La pausa también puede implicar una motivación distinta, ya que las personas tienen la oportunidad de regresar con mayor claridad con respecto a las metas que tienen y los objetivos que buscan. Tener mayor claridad con respecto a nuestras metas profesionales y personales es una gran ventaja, ya que no se trata de cumplir con una ruta preestablecida, sino que se aprende con intención. Esto además resulta como un elemento de motivación para hacer preguntas específicas y maximizar el aprendizaje. Además, la educación en la adultez reconoce que no todas las trayectorias son lineales. Esta nueva etapa puede significar actualizar destrezas, explorar un nuevo interés o fortalecer conocimientos que ya se aplican en la práctica profesional.
Aunque implique enfrentar nuevos retos como lo son el manejo del tiempo, las inseguridades académicas o el temor a no estar al día con nuevas tecnologías. La educación continua se ha adaptado para responder a estas realidades, ofreciendo formatos flexibles, cursos de corta duración y espacios de aprendizaje pensados para personas adultas.
Volver a estudiar no requiere tener todas las respuestas claras desde el inicio. A veces, basta con reconocer la necesidad de aprender algo nuevo y permitirse ese espacio. El trabajo previo, los logros, los errores y los cambios personales se convierten en un recurso dentro del salón de clases. Esta diversidad de trayectorias enriquece el proceso formativo y fomenta el intercambio entre pares, desde la reflexión y la experiencia acumulada.
