Conoce sobre la trayectoria histórica del amor

Con motivo de la celebración del día del amor y la amistad, Nelson Hernández Román, profesor del curso de El amor y su trayectoria histórica, comparte con nosotros una visión del sentimiento desde una perspectiva histórica y social.

Por Nelson Hernández Román
Catedrático FIEHS

Resulta difícil para muchas personas entender que el amor carece del deseado rasgo objetivo, es decir, que a lo largo de la historia humana siempre ha sido de una sola forma.

Siempre es bueno tener presente en nuestra vida que el amor varía según las épocas históricas así como de una cultura a otra. Esa dimensión debe ser útil a la hora de entendernos en un mundo cada vez más interconectado. De esta forma respetaremos más a otros pueblos, lo que a todas luces ayudará a comunicarnos mejor.

Por ejemplo, en el antiguo Egipto seguro nos sorprenderá saber que entre el sector dominante faraónico era práctica común el casamiento entre hermanos. Sin duda alguna, una persona de nuestra generación reaccionará con asombro y repudio ante esa incestuosa práctica.

De igual forma, a muchas personas les costaría aceptar la conducta homosexual en ciertas situaciones de la cultura de la antigua Grecia. Aunque los hombres estuvieran casados, bien podían desarrollar unas relaciones con otros hombres en muchas ocasiones a través de las visitas a los frecuentados gimnasios. El afamado héroe Aquiles en la Ilíada y un citado pasaje del diálogo platónico El banquete evidencian claramente ese asunto.

Si pasamos a la Edad Media nos provocaría cierta sorpresa el generalizado tema de los triángulos amorosos de la literatura caballeresca, o sea, la de los heroicos caballeros de la afamada Mesa Redonda, con los legendarios ejemplos del rey Arturo y de Tristán.  Asimismo, el citado relato de Dante en su Divina Comedia de la pareja de Paolo y Francesca causó tal impresión en la posteridad, que se mencionó a fines de la Edad Media.

Por su parte en el Renacimiento, el compositor ruso Tchaikovsky lo usó en su música y el escultor Rodin en su obra El beso. La cultura medieval nos legó ese tema de tanta inspiración, porque de alguna manera hay un grito de libertad amorosa frente a determinadas prácticas matrimoniales.

En tiempos recientes en nuestra denominada civilización occidental, en general, las personas se casan con quien desean compartir el resto de sus días o, por lo menos, una parte de su vida. Hago esta acotación por la aceptación cada vez más visible del divorcio. En este punto también merece destacarse que apenas unas décadas atrás se establecía que el matrimonio era para toda la vida. Lo que para hombres y mujeres de hace unos cien años era llevar resignadamente una larga vida conyugal con todas las dificultades imaginables.

Después de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, de la convulsa década de 1960 la unión matrimonial se ha tornado más flexible en cuanto a separaciones. Por ejemplo, se calcula que en Puerto Rico la tasa de divorcios está por encima del 60% de los matrimonios formalizados.

En todo caso, a lo largo del devenir histórico los seres humanos han procurado la forma de entablar unas bases de lo que es la mejor forma de establecer relaciones sentimentales. Sin embargo, variaron las mismas de sociedad en sociedad, de cultura a cultura y de un período histórico a otro. Pero no renunciamos a la hora de identificar una persona que consideramos la idónea para formalizar un hogar.

Ese sentimiento inicial de enamoramiento, emoción y esperanza debemos procurar mantenerlo vivo por más tiempo del que al momento les estamos confiriendo. Pero, sin perder de vista que estamos obligados a entender nuestra formación patriarcal con lo que ello ha implicado para las diversas culturas. Esa semilla del amor que procuramos sembrar dará los frutos esperados si va acompañada con la educación y el conocimiento correspondientes.


El Prof. Nelson Hernández Román posee una maestría en Historia y un bachillerato en Educación Secundaria ambos grados de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. A través de sus más de 30 años de experiencia ha impartido cursos como El ser humano y la humanización de sus circunstancias, Desarrollo de la nación puertorriqueña, El amor: su trayectoria histórica, Historia música y sociedad, La ciencia a través de la historia, entre otros. De igual modo, ha sido un constante conferenciante en Sagrado, colaborador de la Liga de Historia y Geografía y asesor de diversas asociaciones estudiantiles. Fue merecedor de la primera edición del premio a la Excelencia a la Docencia y Servicio 2018.