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Las Ciencias en el coronavirus

Conoce por qué el sistema inmunológico se convierte en tu mayor defensor ante la pandemia de COVID-19.

El director del Departamento de Ciencias Naturales de Sagrado, Dr. Peter Barbosa. (Foto: archivo de Comunicaciones Integradas)

Por Peter Barbosa, PhD
Director del Departamento de Ciencias Naturales de Sagrado

La pandemia del COVID-19 se conoce por ese nombre basado en “coronavirus disease 2019.” Este virus es clasificado y designado científicamente como SARS-CoV2, en referencia al “severe acute respiratory syndrome coronavirus 2”, como la segunda cepa de este virus.

Ciencias que “iluminan”

La realidad es que existen muchas áreas de las ciencias que pueden explicar aspectos de la pandemia. Hay aspectos de virología, inmunología, farmacología, epidemiología y sociología (entre otras áreas) que pueden definir esta crisis.

Primero, podemos considerar los hechos estadísticos y epidemiológicos. Hasta el 21 de marzo existían alrededor de 287,231 casos reportados y 11,891 muertes. Debido a que las cifras de infectados y de muertes siguen cambiando a diario, la tasa de mortalidad se ha reportado desde un 2% hasta casi un 5%. Pero también sabemos que de los 181,727 casos activos, el 96% muestran síntomas leves similares a un catarro común. 

De hecho, sabemos claramente que COVID-19 es un miembro de la extensa familia Coronaviridae, los cuales son responsables de gran parte de los catarros comunes. 

Nuestro defensor: el sistema inmunológico

Nuestro sistema inmunológico es verdaderamente fascinante y poderoso. Su especificidad le permite combatir millones de microorganismos, más de lo que nuestras mentes puedan imaginar, y más de lo que la gran mayoría de la humanidad nunca ha de estar expuesta. El COVID-19 no es una excepción, y nuestro sistema reacciona de forma específica contra el virus. En ese proceso sentimos los síntomas que describimos como: “estoy enfermo”. En algunos casos, la farmacología nos provee medicamentos que nos ayudan a combatir la infección, pero en muchos otros casos es nuestro sistema inmunológico, por sí solo el que logra ganar la batalla. 

En cuanto al COVID-19 debemos entender que nuestro sistema inmunológico se mantiene protegiéndonos y haciendo su labor con alta eficiencia. Por ejemplo, el índice de mortalidad para personas entre 10 a 49 años es alrededor de 0.3%. Eso significa que, de cada 1,000 personas infectadas entre estas edades, solo tres mueren. El caso es diferente para personas de 80 años o más, donde se observa índice de mortalidad de 14.8%. En este caso, de cada 100 personas infectadas de 80 años o más, 15 mueren en promedio. Otros factores afectan la prognosis, tal como un historial de enfermedades crónicas, cardiovasculares, respiratorias e inmunológicas.

Para ponerlo en perspectiva epidemiológica, de acuerdo con los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), la influenza ha causado alrededor de 34 millones de enfermedades este año, con 350,000 hospitalizaciones y 20,000 muertes. 

Enemigos potenciales: estrés y ansiedad

El estrés y la ansiedad tienen impactos perjudiciales a nuestras vidas, y en particular a nuestro sistema inmunológico. Sabemos que ciertas hormonas creadas durante la reacción fisiológica de estrés tienen un impacto negativo en la función de las células blancas, nuestros principales defensores inmunológicos. El reaccionar a esta situación de COVID-19 de una manera exagerada y sumergido en estrés, no solo es dañino para la sociedad en general, pero en el caso de una infección con COVID-19, también impactaría la eficiencia con la que nuestro sistema inmunológico la pueda combatir.

Dr. Peter Barbosa, director del Departamento de Ciencias Naturales

El problema más serio que nos brinda COVID-19 se encuentra en la intersección de otras dos ramas de la ciencia: la sociología y la salud pública. Estamos tan saturados de información, mucha científicamente correcta y mucha falsa, que entramos en un pánico global. Si nos infectamos salimos a los hospitales y saturamos el sistema; aunque para la gran mayoría tiene las complicaciones de un catarro que podríamos pasar en nuestros hogares con una simple pastilla de acetaminofén y una buena sopa de pollo. Al saturar el sistema de salud, tomamos los espacios de aquellos que verdaderamente lo necesitan, y la reacción en cadena continúa.

El choque

La virología nos muestra una cepa nueva, la inmunología continúa su esfuerzo en sanarnos, la farmacología nos da esperanzas de tratamientos y la epidemiología nos dice la realidad. Sin embargo, la sociología nos provoca a crear una crisis de salud pública. Nuestros aprendizajes con bases científicas y el poder discernir entre lo que es información basada en datos versus lo que es sensacionalismo, resulta ser la clave para manejar el reto que nos presenta el COVID-19.

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