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De Sagrado a Lima: “una experiencia que marcó mi vida”

Con mucha emoción la estudiante Angélica Rosario comparte sus experiencias para llegar a Perú y cómo estas vivencias transformaron su vida.

Angélica comparte con varios niños durante las actividades. Foto suministrada

Por Angélica Rosario
Estudiante de Comunicación
Voluntaria de Pastoral

Cuando llegué a Sagrado recuerdo que fui al Centro Pastoral, conocí su equipo de trabajo y me informé sobre cada uno de sus programas. Luego, comencé a visitarlos más activamente y me integré al grupo de voluntarios, a CoMesa y Conéctate donde participé de un proceso de conexión interior y social.

En uno de nuestros encuentros en Conéctate nos preguntaron “¿quieren ir a Perú?”, y desde ese momento tanto mis compañeros como yo supimos que queríamos ser parte de esta experiencia. No obstante, por razones personales entendía que no podría asistir a este viaje, pero esto no me detuvo y continué colaborando en las actividades de recaudación para el grupo. Mientras iba pasando el tiempo jamás imaginé que, al ayudar a mis compañeros a obtener los fondos para su viaje, sentiría una alegría inmensa al ver que estaban cerca de cumplir sus sueños.

Angélica, segunda de derecha a izquierda, relata su experiencia de conexión personal y social en Perú. Foto suministrada

Posteriormente, a medida que avanzaba el proceso para completar los talleres de preparación, recibí la gran noticia de que podría ir a Perú y que tendría la oportunidad de participar de esta experiencia de intercambio cultural y de misión. Estoy sumamente agradecida con esas personas que sirvieron como padrinos, madrinas, y con todos aquellos que de alguna forma colaboraron con todos nosotros para realizar este viaje. Debo confesar que en algún momento, después de recibir la noticia, pensé que no era cierto y fue en ese momento en el que encontré el sentido de la palabra “oportunidad” donde todo toma un camino de responsabilidad, compromiso y cambia la perspectiva de la realidad del día a día.

Quien diría que esa joven de 20 años saldría de Puerto Rico por primera vez con el propósito y la visión de adquirir conocimientos para enfrentar vivencias fuera de nuestra zona de confort. Agradezco infinitamente a la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (UNIFÉ), por su gran acogida en el campus y por la atención que recibimos en cada taller. También, agradezco a los distintos colegios, institutos y comunidades que nos recibieron durante el proceso de familiarizarnos con el gran legado que nos dejó Santa Magdalena Sofía Barat y la Sociedad del Sagrado Corazón.

Los sagradeños compartieron con los niños de diferentes comunidades. Foto suministrada

Por otro lado, agradezco con todo mi corazón a la Aldea Westfalia Kinderdorf, institución que brinda un hogar y cuidados a niños de escasos recursos, víctimas de maltrato o abandono familiar; porque nos dio la oportunidad de cumplir con nuestro propósito misional. La Aldea Westfalia cuenta con un sistema que divide en grupos de 15 niños cada casa. Se le asigna una encargada quien adopta el papel de Tía (madre) y los va preparando para que al cumplir 18 años puedan enfrentar e integrarse e integrarse a la sociedad.

A través de actividades como lectura de cuentos, dinámicas y bailes pudimos acompañar a los niños y aprender de ellos sobre el valor de vivir en comunidad.  Durante esta experiencia pude ver cómo lamentablemente, en muchas ocasiones, el daño infligido a los pequeños es tan severo que no logran superarlo completamente para salir de la institución y prefieren quedarse como voluntarios del lugar al que consideran su hogar.

Los jóvenes llevaron la cultura puertorriqueña a Perú. Foto suministrada

Tengo que destacar que esta institución no cuenta con todas las ayudas pertinentes, pero continuamente sigue ejerciendo su labor con dedicación y entrega para continuar ayudando a cada niño y niña que llega a este lugar en Ceneguilla, Lima Perú.

Para concluir tengo que decir que me siento orgullosa de pertenecer al Centro Pastoral de la Universidad del Sagrado Corazón especialmente al grupo de Conéctate donde encontré una familia y una conexión con la realidad personal, de mi país y global. Gracias Edwin, Elisabetta y a cada una de las personas que me prepararon a mí y a mis compañeros, por ser piezas fundamentales en este viaje.

El grupo de Conéctate fue parte de una experiencia cultural y de misión que llevarán para toda la vida. Foto suministrada

Sin más que decir gracias a la gente bella de Perú por ser la realidad de cada una de las veces que soñé con volar lejos de esta isla para cumplir mis expectativas profesionales y personales; me dieron una lección para toda la vida. Ahora sé que es cierto lo que muchas veces he cantado, pero ahora comprendo en mi corazón:

“No hay que dejar que el miedo te detenga porque para cambiar no tienes que dejar volar tus ilusiones, vamos a volar sin miedo, a cómo aterrizar, por qué existe todo aquello que quieras imaginar tan solo tenemos que creer con fuerza y recordar que la melodía que baila tu vida depende de ti”.

 

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