Las homenajeadas fueron reconocidas por su compromiso continuo con la universidad y sus valores.

Por Comunicación Institucional
La Universidad del Sagrado Corazón otorgó las Medallas de Fidelidad a cuatro antiguas alumnas cuyas trayectorias de vida reflejan un compromiso con los valores de servicio, solidaridad y entrega que caracterizan la misión institucional. El reconocimiento se otorgó en el marco de la conmemoración de santa Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, cuya visión educativa dio origen a los proyectos educativos del Sagrado Corazón alrededor del mundo, incluida la actual universidad.
Este reconocimiento se otorga a personas que, tras su paso por la institución en distintas etapas de su historia, han mantenido un vínculo cercano con la comunidad y han encarnado su misión en sus propias comunidades y espacios de trabajo. A lo largo de sus 146 años de historia, Sagrado ha formado generaciones comprometidas con la justicia, el bien común y la construcción de una sociedad más solidaria.
Josefina Urrutia Fernández (Santurce, 1965)


Josefina Urrutia Fernández es exalumna de la Clase 1965 del Pensionado del Colegio del Sagrado Corazón. Descrita como un “alma sencilla, servicial y generosa”, su compromiso comunitario se evidencia en su colaboración activa en su parroquia, donde organiza eventos de recaudación de fondos junto al monseñor Willie Peña para ayudar a miembros de la comunidad que lo necesiten.
Como esposa y madre de tres hijas, ha compartido con su familia los valores de amor, humildad y entrega por los cuales fue reconocida con la Medalla de Fidelidad.
María Inés Suárez Pérez-Guerra ( Ponce, 1969)


Natural de Ponce, María Inés Suárez Pérez-Guerra fue estudiante en el Colegio del Sagrado Corazón de Ponce, donde obtuvo el primer honor de su clase en 1968. Más adelante fundó el Coro de Niños de Ponce, donde mostró su fidelidad al Sagrado Corazón inculcando los valores cristianos que aprendió durante su tiempo en el colegio.
Así como santa Magdalena Sofía Barat enseñó a emplear el talento y la educación en servicio a las comunidades que lo necesiten, María Inés imparte una educación musical a niños de escasos recursos mediante becas y labor pro bono. El Coro de Niños de Ponce ha educado a miles de niños del área sur de Puerto Rico con más de 20 conciertos anuales que aportan al escenario cultural. Su trabajo ha sido reconocido a lo largo de los años por entidades como el Club Rotario Perla del Sur (1997), el Municipio Autónomo de Ponce (2007) y el Club Rotario El Vigía (2022). Además, en 2017 recibió el Premio Sor Isolina Ferré por la Excelencia del Servicio al Prójimo.
La antigua alumna del Colegio del Sagrado Corazón de Ponce y del College ha dedicado su vida a transformar comunidades mediante el servicio y la educación.
Elisa Ortiz Brunet (Santurce, 1961)

Elisa Ortiz Brunet, llamada Elisita por sus allegados, nació en San Juan en 1942 y se crió entre el campo de Guaynabo y San Juan. Durante su niñez, estudió en el Colegio del Sagrado Corazón y, años más tarde, se graduó de la Universidad del Sagrado Corazón con un grado en Historia y Educación. Estas disciplinas inculcaron en ella la pasión por la enseñanza y el compromiso con ayudar a los demás.
La vocación de Elisa la ha llevado fuera de Puerto Rico en múltiples ocasiones. Viajó a Venezuela para enseñar español a niños anglosajones y, en otra ocasión, fungió como encargada de la residencia de mujeres en la Universidad de Tufts, en Boston, donde tuvo la oportunidad de enseñar español y servir como guía para las estudiantes mientras estudiaban lejos de sus hogares. En Puerto Rico, ha aportado a la educación mediante el apoyo a programas de becas en colegios locales y la oferta de tutorías a través del programa sin fines de lucro “Descubriendo Juntos”.
A la par con sus diversos esfuerzos filantrópicos, Elisa ha mantenido un vínculo cercano con Sagrado, auspiciando la carrera universitaria de una estudiante sagradeña y apoyando continuamente a las religiosas del Sagrado Corazón.
Carmen Irene “Ñañi” Seín (Santurce, 1964)


Carmen Irene Seín comenzó como voluntaria en la Fondita de Jesús, donde dedicó alrededor de 10 años de servicio. Durante su trayectoria en la organización, creó un taller dirigido a deambulantes, donde conectó el arte, la espiritualidad y las emociones para crear un espacio creativo con un sentido de pertenencia entre el grupo. Las obras creadas durante el taller eran vendidas más adelante en una subasta, organizada por Carmen, que fomenta la autoestima y la dignidad entre los participantes.
Su vocación de servicio también la llevó a enseñar y promover la música a niños y jóvenes puertorriqueños en la Fundación Puertorriqueña de Zarzuela y Opereta y en el proyecto Viva la Música. Además, dedicó varios años a ofrecer clases de catecismo a niños en preparación para la Primera Comunión.
La sencillez, la humildad y la dedicación a ayudar al prójimo son valores que ejemplifican el legado de santa Magdalena Sofía Barat.
La celebración de la vida de santa Magdalena Sofía Barat fue el escenario idóneo para homenajear a estas cuatro alumnas, cuyas trayectorias reflejan el espíritu de servicio y compromiso humano que legó la santa fundadora, y que se transmite en cada estudiante que vive el proyecto educativo del Sagrado Corazón.
