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Una mañana más, un “Zoom” más

A casi un mes de haber iniciado la cuarentena, el estudiante de Periodismo, Elian J. Flores García, reflexiona acerca de su experiencia tomando clases remotas.  

El estudiante de Periodismo, Elian J. Flores García. (Foto suministrada)

Por Elian J. Flores García
Estudiante de Periodismo


Un cambio repentino, de esos que son en un abrir y cerrar de ojos. La mañana de aquel 12 de marzo recibimos la noticia que debíamos ir dando nuestros últimos pasos en la institución, que diéramos ese último abrazo, que miráramos bien nuestro alrededor, que contempláramos nuestra alma mater.

Sin duda alguna, no pensábamos a lo que nos estábamos enfrentando; ni tan siquiera se nos pasó por la mente el terminar nuestro semestre de forma remota. Para algunos es difícil asimilarlo, otros aún se acoplan al proceso. La palabra distanciamiento social la veníamos oyendo y éramos portavoces para otros países a que lo practicaran, sin saber que también tendríamos que aplicarnos esa práctica. Aún recuerdo mis últimos pasos por la universidad y solo quería mirar el atardecer, presentía que un proceso nuevo vendría, que un reto mayor se aproximaba para mis compañeros; claro, así fue.

Esas preguntas frecuentes que nos hacemos a diario: “¿Te sabes el ID de la clase?”, “¿Ya comenzaron?”, “¿Cuál es la contraseña de la reunión?”, entre otras, se han convertido en un momento único para cada alumno. Las clases se han vuelto en el tiempo preferido para el estudiante, el preciso momento donde se abre el computador, se accede a la plataforma de Zoom y solo se añora reconectar con tus compañeros, con su profesor o profesora para escucharlos, volver a saber de ellos y hasta conocer cómo se las reinventan en su tiempo libre.

¡Que mucho se extraña, se anhela y se aprende! El pernoctar por días en una encerrona nos ha puesto a visualizar como vivíamos sin vivir, cómo en vez de correr con el tiempo, corríamos contra el tiempo; cuando debíamos sonreír, solo la angustia y ansiedad nos cohibía durante el día, aunque hoy solo nuestro primer anhelo es todo lo contrario, abrazar a nuestras amistades, familiares, compañeros de clase y aún más: aprender a vivir con armonía.

Algunos recorrieron inconscientemente la Universidad por última vez, sin saber que sus últimos momentos como estudiante serán a través de una cámara. Añorarán el recorrer ambas cafeterías para conocer el menú del día o ir por un mantecado de la tiendita y juntar mesas en el Centro de Estudiantes para la confraternización.

Es meritorio detenernos y dar aplausos a nuestros graduandos, que llevan consigo un momento agridulce. Es irrealizable no imaginarte día tras día el momento más esperado, tu graduación. El portar tu toga, esclavina y, en fin, tu diploma. Y no se mencione el momento de tirar tu birrete en signo de culminación y comienzo de tu vida profesional. Sin dejar atrás a tus fanáticos incondicionales, la familia. A ti graduando, mis aplausos, mi respeto y mi apoyo.

Es bastante curioso, durante la cuarentena me he puesto a oír a nuestros mayores y siempre me topo con la misma frase: “Yo le llamo a tu generación los sobrevivientes”, a lo que yo solo me río, pero en el silencio de mi habitación reflexiono y es cierto. Nos ha tocado vivir muchísimo, grandes batallas, que de seguro nunca se nos olvidarán, pero de algo sí estoy seguro que siempre recordaremos y es la forma en que daremos ese abrazo eterno.

Dios te bendiga.

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