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Violencia sexual al acecho en algunos espacios de enseñanza

La profesora de Trabajo Social, Lydimar Garriga, comparte datos sobre las percepciones y actitudes ante este tipo de violencia en el contexto universitario.

Foto cortesía de Canva.com.

Por Lydimar Garriga Vidal
Profesora del Programa de Trabajo Social de Sagrado

La violencia sexual abarca todo acto mediante la coacción, presión, fuerza, agresión, intimidación, entre otras, donde se pretende ejercer poder o control sobre una persona. Incluye, pero no se limita a acciones como, el acoso sexual, actos lascivos, pedofilia, agresión sexual, acoso callejero y hostigamiento sexual. Es uno de los delitos menos reportados a pesar de entenderse que es una de las manifestaciones de violencia con mayor incidencia. Las universidades no están exentas de ser espacios donde se reproduce esta violencia.

En las pasadas semanas hemos visto a través de las redes sociales y del Internet varias denuncias de mujeres en las que testimonian incidentes de violencia sexual que han sufrido. Nos debe ocupar de manera urgente aquellas que han realizado jóvenes que al momento de los incidentes eran estudiantes universitarias. En estas denuncias plantean patrones de hostigamiento sexual por parte de profesores y personal de servicios psicológicos. Ciertamente, relatos que requieren mucha valentía de parte de sus relatoras. Cabe destacar que dichos testimonios no pertenecen a la comunidad de Sagrado, sino a otra institución universitaria.

Datos preliminares de una investigación que está realizando el colectivo Siempre Vivas Metro presenta algunas percepciones y actitudes sobre la violencia sexual en el contexto universitario. El 61.8% de las personas participantes indicó conocer a alguien que forme parte de su comunidad universitaria que haya experimentado manifestaciones de violencia sexual. Un 72.1% no considera que el contexto universitario sea un espacio seguro y un 54.4% cree que los esfuerzos de las autoridades universitarias para responder a situaciones de violencia de género son insuficientes. Aunque los datos recopilados corresponden a otra universidad, es importante que asumamos estas investigaciones como fuentes informativas que nos muestran con base científica la manera en que algunas dinámicas sociales violentas se reproducen en las universidades.

Las políticas universitarias tienen la responsabilidad de crear protocolos y velar por el cumplimiento de los procedimientos para evitar este tipo de actos. También de garantizar procesos investigativos adecuados y educar a la comunidad universitaria.

Lydimar Garriga Vidal, profesora del Programa de Trabajo Social de Sagrado

Dentro de estas políticas, el hostigamiento sexual es el término mayormente utilizado. El hostigamiento sexual es cualquier conducta de naturaleza sexual que no ha sido bienvenida o aceptada por una de las partes. Se reconoce que usualmente el hostigamiento proviene de una persona que ocupa cierta posición de poder (profesor/a, supervisor/a, etcétera) hacia un estudiante o empleado, aunque también pudiera ser al contrario. Para atender el hostigamiento sexual las universidades tienen que cumplir con la ley federal conocida como: “Política sobre conducta sexual inapropiada (Título IX)”. Las funciones, deberes y responsabilidades relacionadas a Título IX están estipuladas en https://www.sagrado.edu/titulo-ix/ y otros espacios informativos de nuestra universidad.

Reflexión desde la docencia

La responsabilidad de la docencia debe comprender un alto compromiso ético. No debe haber cabida ni contemplaciones para actuar, encubrir o soslayar la violencia sexual. Nos corresponde orientarnos adecuadamente sobre la equidad de género, las terminologías que comprenden la violencia sexual y los protocolos en el contexto universitario para atender querellas.

Lydimar Garriga Vidal, profesora del Programa de Trabajo Social de Sagrado

El acompañamiento a quien realiza una denuncia es un acto de amor y solidaridad, cónsono con nuestra misión de educar. Tenemos que estar atentas y atentos a las relaciones de poder, los privilegios y las construcciones sociales que podemos reproducir en las interacciones con el estudiantado y con colegas. No podemos observar desde la pasividad y permanecer silentes ante esta otra pandemia que debemos erradicar de la sociedad. Para eso, debemos comenzar con erradicarla de los salones de clase y pasillos de todas nuestras universidades.

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