Conoce el impacto de las becas de la Universidad del Sagrado Corazón en las vidas de dos estudiantes.

Por Comunicación Institucional
Hay historias que comienzan mucho antes de la llegada a un salón de clases. En Yauco y en Cabo Rojo, por ejemplo, nacieron dos trayectorias distintas que coincidieron en un mismo punto: la oportunidad.
Para la exalumna sagradeña Luisa Sotero, esa oportunidad se manifestó al recibir la beca El Nuevo Día Educador, que le permitió estudiar Periodismo y Sistemas de Justicia en la Universidad del Sagrado Corazón. Tras graduarse en el 2017, realizó sus estudios graduados en la Universidad de George Washington, donde completó su grado de maestría en Comunicación Política y Gobernanza en 2019.
Su historia continuó en salas de redacción, realizando coberturas de gobierno y comunidad, frente a cámaras y micrófonos. Hoy, convertida en abogada, periodista galardonada y profesora, su vínculo con Sagrado no responde a la nostalgia, sino a reconocer el punto de partida de su carrera.
“Una beca representa para muchos la oportunidad de cumplir un sueño”, afirmó Sotero durante un encuentro entre estudiantes y benefactores en Sagrado, donde agradeció la confianza depositada en ella al El Nuevo Día apostar por su desarrollo al otorgarle la beca.
Una apuesta similar es la que, en el presente, sostiene la historia del estudiante graduando William Rodríguez.
Hace cuatro años, William dejó su hogar en Cabo Rojo para comenzar una vida universitaria marcada por la independencia y los retos de adaptarse a una nueva ciudad. La beca que recibió no solo alivió esa carga, sino que redefinió sus posibilidades.

Gracias a ese apoyo, encontró en Multimedios, la casa productora de la Escuela de Comunicación Ferré Rangel, un espacio para crecer como cineasta. Allí comenzó a contar historias que no se quedaron en el salón de clases: cortometrajes que han recorrido festivales dentro y fuera de Puerto Rico, proyectos colaborativos y experiencias que lo llevaron incluso a presentar un documental sobre justicia ambiental en la ciudad de Nueva York, en colaboración con la Universidad de Syracuse. Pero más allá de los logros, hay una transformación más difícil de medir.
“Si hoy me encontrara con el niño que fui en Cabo Rojo, estaría orgulloso de lo que he logrado vivir”, reflexionó.
En esa frase se resume el verdadero alcance de una beca: no solo facilita acceso, también apoya la trayectoria del estudiante mientras construye su identidad, propósito y dirección.
Una inversión que trasciende
El Programa de Becas de la Universidad del Sagrado Corazón existe gracias a una red de colaboradores, entre ellos exalumnos, empleados, padres, corporaciones y amigos de la institución que creen en el poder de la educación como motor de cambio y aportan su tiempo y recursos para crear oportunidades para nuevas generaciones.
Sus aportaciones hacen posible experiencias que, de otro modo, quedarían fuera del alcance de muchos estudiantes, como prácticas profesionales, proyectos creativos, investigaciones, intercambios y, sobre todo, la oportunidad de desarrollar una visión de futuro.
En historias como las de Luisa y William, ese impacto se vuelve tangible. En una, se ve el resultado con los años: una profesional que aporta al país desde múltiples frentes y que, además, regresa a aportar a la formación de otros. En la otra, se observa el proceso en tiempo real: un estudiante que construye su camino, asume retos y comienza a proyectarse como creador y agente de cambio.
El ciclo que continúa
“Todos nosotros tenemos la responsabilidad de no olvidar de dónde venimos ni quién creyó en nosotros”, expresó el graduando, quien instó a sus compañeros a regresar a Sagrado en el futuro para crear oportunidades para otros estudiantes, como un día alguien lo hizo para él.
Ese es el punto donde una beca trasciende de ser una simple ayuda para convertirse en un legado que permite que cada estudiante transforme su propia vida y que amplía las posibilidades de impactar a otros: desde un salón de clases, una sala de redacción, un tribunal o una pantalla de cine.
La graduación no marca el final de historias como las de Luisa y William, sino el inicio de nuevas etapas. Y hay algo que las une: la decisión de una persona de creer en ellos y poner sus recursos a su servicio.
