La delegación sagradeña convierte el cierre del Festival Deportivo en una celebración de compromiso y esfuerzo.

Por Brenda Figueroa Gómez
Estudiante de Periodismo
El desfile final del Festival Deportivo de la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI) se transformó en algo más que un acto simbólico para la Universidad del Sagrado Corazón. Entre banderas, abrazos y sonrisas, la delegación sagradeña caminó con la certeza de haber construido una temporada que trasciende los resultados. La emoción se sentía en cada paso, en cada mirada entre atletas, entrenadores y representación universitaria resumiendo en el recorrido los meses de sacrificio.
El ambiente, cargado de orgullo, reflejaba una comunidad que ha crecido junta. No era necesario hablar de cifras para entender la magnitud del momento: seis años consecutivos levantando la Copa Comisionado, dos medallas de oro en natación y dos medallas de oro en voleibol de playa, una medalla histórica en baloncesto masculino luego de 40 años, y una histórica presencia en el baile que alcanzó bronce en la copa global. Todo ello acompañado por un logro que marcó el ritmo emocional del cierre: la medalla de oro en los 800 metros femeninos.
Para el presidente de la Universidad del Sagrado Corazón, Gilberto J. Marxuach Torrós, este cierre representa mucho más que un evento deportivo. “Este es el resultado de un año completo de trabajo, sacrificio y dedicación de un grupo extraordinario de estudiantes atletas y de toda la comunidad universitaria”, expresó, al tiempo que destacó que los jóvenes representan los valores institucionales dentro y fuera de la competencia. En su visión, el verdadero logro radica en cómo estos estudiantes modelan disciplina, integridad y trabajo en equipo.
Esa misma emoción se reflejaba en el desfile, donde cada integrante parecía cargar no solo su experiencia individual, sino también la historia de un equipo. El director atlético Rafael Colón describió el momento como profundamente emotivo, resaltando que el orgullo de representar a Sagrado se siente cada vez como la primera vez. “Ha sido uno de los años más históricos del departamento atlético”, afirmó, subrayando la dedicación y la unión como pilares del éxito alcanzado.
Desde la pista, el entrenador de atletismo Nathaniel A. Hernández Algarín observó el cierre con una mezcla de satisfacción y gratitud. Para él, el crecimiento de los atletas va más allá de las marcas. “El deporte les enseña a no rendirse, a trabajar por sus metas y a convertirse en mejores personas”, sostuvo. Su enfoque, centrado en el desarrollo integral, encontró su punto culminante en la actuación de Kiara Villa Delgado.
La corredora, visiblemente emocionada, describió su participación como un orgullo inmenso. “Es mi primera vez entre las primeras y estoy muy emocionada”, confesó tras su victoria en los 800 metros. Más allá del oro, resaltó el valor de la experiencia vivida: el aprendizaje, la unión del equipo y la certeza de que cada esfuerzo tiene un propósito.
En medio del cierre, las voces de distintos atletas coincidían en una misma idea: la familia que han construido. La unión, la resiliencia y la disciplina se repetían como conceptos que definieron la temporada. Para muchos, el verdadero triunfo fue levantarse tras cada caída y seguir avanzando juntos.
Así, entre aplausos y despedidas, Sagrado no solo cerró un ciclo deportivo, sino que reafirmó una identidad. Una que se construye desde el compromiso colectivo y se proyecta más allá de la pista, la cancha, arena o la piscina. En pocas palabras se puede describir a la comunidad sagradeña como una de entrega, sacrificio y dedicación.
