
Por Soyell Sabad Cabassa Serrano
Estudiante de Periodismo
Cada mañana, antes de que el calor se apodere de Santurce, Awilda Camacho Ramos inicia su rutina caminando por Barrio Obrero saludando a los vecinos que la reconocen como portavoz comunitaria. Durante años ha atendido las preocupaciones del barrio: negocios que cierran, falta de iluminación, basura por doquier, familias que se van y un canal que amenaza con inundar sus hogares.
Mientras recorre las calles, no solo observa los problemas: los recuerda. Awilda nació y creció en este mismo barrio, rodeada de mucha cultura y música, en una época donde, a pesar de que no abundaban los comercios, la vida se sentía más cercana y las puertas del hogar y el corazón siempre permanecían abiertas.
Awilda resume su niñez en dos palabras: retos y cultura. Para ella, las dificultades de entonces no representaban una derrota; al contrario, una oportunidad de crecimiento. “La comunidad quería unos cambios, pero a su vez estaba contenta. Eran procesos en que había unas limitaciones económicas en muchos de los residentes, aunque tenían sus profesiones, éramos clase trabajadora”, expresó, observando al horizonte con una mirada perdida en un pensamiento nostálgico.
Sus padres, reconocidos como comisarios de barrios, eran de esas personas que ayudaban a sus vecinos cuando alguien necesitaba. En ese ambiente lleno de liderazgo y servicio creció Awilda, desarrollando un sentido empático que con el tiempo lo convirtió en parte esencial de su misión de vida.
Esa conexión con su comunidad marcó el rumbo de su vida. Durante años se desempeñó como profesora y trabajadora social, guiando a los jóvenes dentro y fuera del salón de clase. Con el tiempo, ese sentido de comunidad la llevó hasta Nueva York, donde continuó su legado al servicio de otros, enfrentando nuevas realidades que fortalecieron aún más su vocación.
Sin embargo, la distancia nunca rompió el vínculo con Barrio Obrero. Aunque pasó 26 años fuera de su comunidad, Awilda nunca dejó de pensar en las calles donde creció ni en la gente que la vio formarse.
Cuando regresó a Puerto Rico no volvió como una visitante. Regresó con una certeza de que tenía algo más por aportar a su barrio y con la convicción de que su voz podía alzarse con más fuerza ante las problemáticas que enfrenta su comunidad.
Tan pronto vio al sector, entre la alegría del regreso también surgió la tristeza. “Barrio Obrero no está poblado como antes. Hay muchas casas vacías y abandonadas, y eso me da tristeza”, expresó llena de muchos sentimientos encontrados.
Como presidenta del G8 y de Barrio Obrero Se Reinventa, organizaciones que trabajan para mejorar la calidad de vida en el sector, Awilda ha impulsado varias medidas para atender problemáticas de la comunidad. Entre ellas, se destaca su gestión en torno al Caño Martín Peña, así como el manejo de las casas abandonadas y los escombros, mediante el diálogo constante con las autoridades pertinentes.
Dentro de ese mismo compromiso con la comunidad, su logro más significativo ha sido la fundación del Festival de Barrio Obrero, una iniciativa cultural que busca resaltar la historia, cultura y la música del Barrio, convirtiéndose en un espacio de expresión, encuentro e identidad para los residentes.
En una introspección de su vida, se describe como una mujer dedicada a su comunidad. “Me describo luchadora, combativa, activista, directa, pasional y una persona que se interesa y vela por su comunidad”, expresó con sus ojos llenos de lágrimas.
Awilda Camacho Ramos expresa que le gustaría que fuera recordada como una mujer negra consciente de sí misma, orgullosa de su identidad y sus raíces, que ha dedicado su vida a impartir conocimientos y a luchar por su comunidad.
Al final de día, Awilda sigue caminando por las calles del barrio que la vio nacer, ahora no solo como vecina, sino como una de las voces más prominentes que insiste en que Barrio Obrero no desaparezca entre el abandono y el olvido. Por qué mientras ella lo recorra, el barrio tiene quien lo nombre, quien lo defienda y quien lo sueñe.
Nota editorial
Este perfil periodístico surge como resultado de las experiencias de aprendizaje en servicio, realizadas en el curso PER 223: Periodismo Narrativo, impartido por la profesora Mariliana Torres Pagán en colaboración con el programa de Vinculación Comunitaria de Sagrado, la fundación Barrio Obrero Oeste se Reinventa y el Proyecto Enlace del Caño Martín Peña.
