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Reflexión: “Honrar el pasado, inspirar el presente para construir el futuro”

Centro Sofía comparte su mensaje de inicio del primer semestre 2020-2021.

Pórtico de Sagrado.

“Ustedes son la sal de la tierra. Mas si la sal pierde su sabor,
¿con qué se la salará? Ustedes son la luz del mundo” -Mt 5, 13a. 14a.

En este año 2020, podemos tener la sensación de que nuestras vidas están en un videojuego, en el que mes tras mes, el nivel de dificultad va aumentando: terremotos, pandemia, cuarentena, polvo del Sahara, aislamiento, contagios, tormentas y corrupción. Iniciamos un semestre en modalidad remota, un agosto muy diferente, en el cual pocas cosas son como las teníamos planificadas. En medio de esta incertidumbre intentamos retomar nuestras vidas, encontrarnos con los demás y apasionarnos nuevamente por nuestros proyectos. ¿Cómo recuperar o preservar nuestras metas y sueños en tiempos tan revueltos?

Primeramente, honremos el pasado. Todos experimentamos cómo la crisis salubrista trastocó aquello que nos gustaba hacer, los encuentros que me daban alegría, los proyectos en los que me desempeñaba. Surge la necesidad de acompañarnos mutuamente para que nadie se quede solo, anclado en lo que no puede ser como era. Sin embargo, esas experiencias del pasado me pueden dar la esperanza, el deseo profundo de luchar por nuevas y mejores experiencias. Juntos, podemos vivir agradecidos de lo que fue y darnos el permiso para renacer en este contexto descubriéndole nuevos significados a los días. 

Inspiremos el presente. Hoy, tenemos que pasar horas pegados a una pantalla aprendiendo a aprender virtualmente. Todos podemos convertir la educación en línea en experiencias significativas, participativas y agradables. No olvidemos a quienes tendrán muchas dificultades en el camino. ¡Vivamos este semestre la solidaridad digital! El que tenga un poco más, comparta con quien tenga menos. Seamos comprensivos y compasivos frente a los problemas, sentimientos y emociones de todas y todos. Estemos atentos a la salud física y mental. Estimulemos nuestra creatividad y emprendamos nuevas formas de amistad y colaboración. No será fácil. Saquemos el tiempo para mimarnos, escucharnos y consolarnos. ¡Todo eso será la inspiración para vivir el hoy!

Finalmente, construyamos el futuro. La comunidad sagradeña está distribuida en miles de hogares a lo largo y ancho del archipiélago puertorriqueño y en diferentes países del mundo. Desde nuestros espacios, seamos cocreadores de una nueva realidad que garantice una vida digna para todos y todas. Para lograrlo, será urgente adquirir las herramientas esenciales, construir los conocimientos pertinentes y generar las solidaridades necesarias para devolverle el sabor y el brillo a la vida. No nos distraigamos, mantengamos la mirada fija en un horizonte nuevo, un horizonte que está en nuestras manos construir.

¿Cómo viviremos nuestra misión universitaria en estas nuevas circunstancias? El mismo Jesús, en su Evangelio, nos recuerda nuestra misión… ¡Sagradeños, sean sal y luz para el mundo! Somos una comunidad viva que respira, se desarrolla y evoluciona frente a las adversidades. Brillemos con una nueva luz que caliente los corazones que se tornen fríos y tristes debido a las dificultades de este año. Seamos sal para dar sabor a esperanza a quienes pierdan la motivación para continuar. El Sagrado Corazón de Jesús continúa con los brazos abiertos, confiando en nuestra fuerza de voluntad para escribir una nueva historia. Evitemos la propagación del virus, contagiemos de amor y fraternidad a todos los que se crucen en nuestra pantalla: solo así desarrollaremos anticuerpos de solidaridad[1], justicia y paz.


[1] Cf. Papa Francisco. (2020). Un plan para resucitar.

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