El padre ha vivido de primera mano los cambios en la comunidad de Barrio Obrero.

Por Alanis Cartagena Burgos
Estudiante de Periodismo
“Somos padres porque sentimos el dolor de los demás y sentimos su frustración”, dijo el sacerdote quien desde la empatía está enfrentando uno de sus mayores retos, ser párroco en Barrio Obrero.
Hace cinco años comenzó a trabajar en la comunidad, que en su mayoría está poblada por migrantes que viven con temor por los operativos y redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE).
Cada domingo al culminar la misa, los feligreses se acercan a padre Cedeño a pedirle ayuda, en ocasiones con lágrimas en sus ojos como último grito de esperanza. El sacerdote los recibe con un abrazo entre las paredes sagradas de la parroquia Nuestra Señora del Carmen para escuchar sus situaciones. “No tan solo que tienen miedo a ser deportados, vienen porque tienen una situación con migración o porque le han colocado un grillete”, explicó.
El mayor reto para el sacerdote ha sido ver los efectos de los operativos de ICE en la comunidad, “ver familias rotas, ver niños que están separados de sus padres, hay personas que han muerto en sus casas por miedo a acudir a un hospital”.
Escuchar las historias de los residentes de Barrio Obrero lo hace parte de su sufrimiento y experimenta de primera mano el dolor que sienten sus hermanos, que según indicó, “están siendo tratados injustamente por este sistema”.
Durante este periodo de incertidumbre, se ha enfocado en reforzar la fe de los feligreses, quienes le han expresado que “aunque puedan sentir o experimentar lógicamente miedo ante esta situación, eso no les amedrentará su fe”, expresó.

El padre Cedeño ha dedicado su vida a ayudar a la comunidad desde la iglesia. No obstante, su futuro se veía distinto durante su juventud.
Comenzó sus estudios en premédica en el Recinto Universitario de Mayagüez, pero en el camino descubrió nuevas inquietudes que lo llevaron a cambiar de rumbo. Se graduó de Humanidades en Historia del Arte. Fue entonces, cuando tomó una decisión “radical” en su vida y comenzó a seguir un llamamiento.
En la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, ingresó al Seminario Mayor Regina Cleri y, luego, realizó sus estudios en derecho canónico en la Universidad de Salamanca.
Como licenciado, la situación migratoria lo ha impactado y como padre, le deja una sensación de impotencia al no poder ayudar a las personas como quisiera. El sacerdote habló con frustración y desesperación al pensar en quienes llevan décadas construyendo su vida en Barrio Obrero. “Personas que han estado aquí hace treinta años, que lo único que han hecho, su único crimen, su único delito es querer venir a trabajar”, indicó.

Cuando culmina el último cántico de la liturgia y el padre otorga la bendición, algunos salen a comprar frituras, recibir ayuda o comprar ropa en el bazar dentro de los predios de la iglesia.
En el bazar se encuentra José Ramírez, quien organiza la venta y recolección de los artículos.
Ramírez es hijo de migrantes y entiende el dolor de los residentes que abandonaron su hogar en busca de una mejor calidad de vida. “Yo soy hijo de inmigrantes… yo conozco familias que vinieron aquí con nada y ellos tienen sus cosas porque se pusieron a trabajar, hicieron lo que tuvieron que hacer”, contó.
Ramírez considera la parroquia como su familia extendida, pues allí creció y en los momentos más difíciles de su vida lo acompañaron. Durante sus 46 años de vida ha participado en distintas iniciativas de la iglesia, hasta fungir como gerente del bazar y próximamente como diácono.
“El párroco que está ahora, pues me dice, mira, ¿y por qué tú no estudias para que te hagas diácono? Y ahí le dije que sí, encontré que este era mi tiempo. A veces digo, tal vez estoy un poco ya mayor para eso, pero el tiempo de Dios es perfecto”, narró el futuro diácono sobre el impulso que le brindó el padre Cedeño para seguir el llamamiento de Dios.
Transformación de la iglesia
Desde que comenzaron los operativos y redadas de ICE, el padre Cedeño observó una disminución de feligreses que llegaban a misa, aunque indicó que “ha mermado, pero tengo que admitir que muchos hermanos se han acercado a mi con un estatus migratorio irregular”.
Para Ramírez, “no es fácil” ver los cambios que han transcurrido en la parroquia a través de los años. “Aquí hay muchas personas que se han visto afectadas por las redadas… cuando hay redadas tú te das cuenta, cuando tú bajas por las avenidas y las avenidas están vacías, tú sabes que ellos están por ahí, por el miedo”, añadió Ramírez.
Ambos han trabajado de la mano en distintas iniciativas para ayudar a la comunidad y Ramírez reconoce la labor del sacerdote. “El padre, con apoyo del arzobispo, ha sido bien proactivo con la comunidad inmigrante… el padre ha levantado su voz y le dice cualquier cosa a la persona que necesite”, afirmó.
Para el padre Cedeño, la situación migratoria “es parte de la realidad que tenemos que enfrentar aquí en Barrio Obrero, quizás no es la misma realidad que tiene que experimentar otro hermano sacerdote en otra comunidad parroquial”.
Servicios para la comunidad
En la iglesia cuentan con el proyecto Cáritas, iniciativa que se realiza a nivel mundial, que el párroco describió como “ese brazo de la iglesia que se extiende a toda persona necesitada”.
Como parte del proyecto, proveen alimentos semanalmente, contactos con personal de la salud y personal migratorio a los feligreses.
Quienes trabajan en la iglesia se vieron en al necesidad de adaptar los servicios ofrecidos a la comunidad para proveerles asistencia en tiempos de incertidumbre y servir como punto de enlace.
“Se nos han acercado abogados especialistas en migración, lo coordinan cuando hay situaciones específicas y hacen una atención completamente libre de costo”, añadió Cedeño sobre las adaptaciones que han realizado en la iglesia.
No obstante, esta situación además de representar un reto para el párroco, le provocó indignación y lo impactó. “Para mí eso es chocante… ¿Quién me iba a decir que iba a tener que ser un punto de enlace entre una mujer embarazada y un médico? Tenemos mujeres que temen ir a un hospital y que de una forma u otra le tomen su información. ¿Cómo una mujer no va a tener acceso a la salud tan importante?”, cuestionó.
Aunque en la iglesia se han encargado de orientar a la comunidad de sus derechos, Cedeño entiende que en medio de la incertidumbre, muchos se acogen al miedo.

Aún así, entre la preocupación que enfrenta la comunidad, algunos le han expresado al párroco que continuarán aferrados a su fe y que el barrio continuará latiendo con fuerza.
El mayor anhelo de padre Cedeño es ver a Barrio Obrero brillar. “Barrio Obrero tiene gente muy bonita, gente muy trabajadora, muy luchadora, gente con muchos valores, que cada día se esfuerza por dar lo mejor a sus familias y contribuir a la sociedad”, afirmó.
